El aumento del uso de agonistas del receptor del péptido 1 similar al glucagón (aGLP-1), como semaglutida y liraglutida, ha generado preocupación sobre su seguridad en pacientes con afecciones gastrointestinales. Estos fármacos, utilizados comúnmente para el tratamiento de la obesidad, requieren una evaluación cuidadosa en personas con enfermedades digestivas crónicas.
En el caso de pacientes con enfermedad de Crohn, es frecuente el uso de esteroides para inducir la remisión, lo cual puede provocar un aumento de peso significativo. En estos casos, los medicamentos para la obesidad pueden ser útiles, pero su uso debe considerarse únicamente si la enfermedad inflamatoria intestinal se encuentra en remisión, previa evaluación por un gastroenterólogo.
Por otro lado, en pacientes con trastornos como la gastroparesia o el vaciamiento gástrico lento, los aGLP-1 podrían no ser la mejor opción, ya que podrían empeorar los síntomas. En estas situaciones, otras alternativas farmacológicas como la combinación de fentermina/topiramato o bupropión/naltrexona podrían ofrecer un perfil más adecuado.
En conclusión, es esencial comprender tanto la naturaleza de la enfermedad gastrointestinal del paciente como los posibles efectos adversos de los fármacos antiobesidad antes de iniciar un tratamiento. La consulta con un especialista en gastroenterología es clave para asegurar la seguridad y eficacia del abordaje terapéutico; nuestro equipo de profesionales de DI-EN Sevilla estará encantado de resolver sus dudas y acompañarle en su tratamiento.
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) advierte que la obesidad debe ser reconocida como una enfermedad crónica para garantizar mejores estrategias de tratamiento. La endocrinóloga Irene Bretón sostiene que esta condición es metabólica, multicausal y con fuerte influencia genética, más allá de los estilos de vida. Subraya que en España aún no se le otorga dicha consideración formal, lo que dificulta su abordaje sanitario adecuado.
La obesidad está vinculada a más de 200 enfermedades y reduce notablemente la calidad de vida. Dolores articulares, fatiga, trastornos de sueño y mayor riesgo cardiovascular o cáncer son solo algunas de las complicaciones asociadas. Su origen radica en alteraciones del equilibrio energético corporal, lo que provoca una acumulación disfuncional del tejido adiposo que no puede corregirse solo con esfuerzo personal.
Estudios recientes proponen una evolución en el enfoque diagnóstico, dejando atrás el uso exclusivo del índice de masa corporal (IMC). Se promueve un análisis integral que incluya la distribución del tejido adiposo y afectaciones metabólicas como la diabetes. Se destaca que la obesidad es clínicamente heterogénea y cada paciente debe ser evaluado de forma personalizada.
Tratamientos innovadores, como ciertos medicamentos y la cirugía bariátrica, han demostrado ser efectivos y deberían ser accesibles de forma equitativa. Bretón insiste en que el abordaje debe ser multidisciplinar, incluyendo atención primaria, especialistas en distintas ramas médicas y profesionales en nutrición, psicología y actividad física. La respuesta a la obesidad, concluye, debe ser colectiva y no limitada al ámbito sanitario.
Un nuevo estudio publicado revela que los pacientes con adenomas colorrectales avanzados presentan un mayor riesgo de cáncer colorrectal (CCR) en comparación con quienes tienen adenomas no avanzados. Este riesgo persiste en periodos de seguimiento prolongados después de diagnósticos iniciales.
La investigación incluyó datos de una amplia muestra de pacientes, concluyendo que los adenomas avanzados, caracterizados por un tamaño superior a 10 mm, alta displasia o componente velloso significativo, son un factor predictor considerablemente mayor para desarrollar cáncer colorrectal posteriormente.
El desarrollo del cáncer en personas con adenomas avanzados sugiere una necesidad urgente de aplicar protocolos específicos de vigilancia clínica. Estos protocolos podrían implicar colonoscopias más frecuentes y una monitorización más estricta de este grupo poblacional.
En conclusión, los autores recomiendan reforzar los criterios de seguimiento y protocolos de cribado, especialmente en aquellos pacientes identificados con adenomas avanzados, para identificar temprano cualquier indicio de malignidad y prevenir la progresión hacia cáncer colorrectal invasivo. En DI-EN Sevilla tenemos todos los medios humanos y técnicos para ayudarle con la prevención del CCR; pida cita con nuestros profesionales.
Un estudio reciente realizado por investigadores liderados por la Dra. Aline Al Nahas del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer en Lyon, Francia, ha revelado una asociación significativa entre el consumo de alimentos ultraprocesados y un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. La investigación, publicada en febrero de 2024 en el International Journal of Cancer, analizó datos de más de 450.000 participantes de 10 países europeos, con una edad media de 51,1 años, siendo el 70,8% mujeres.
Los resultados demostraron que un aumento del 10% en el consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con un incremento del riesgo de cáncer colorrectal (HR: 1,04), siendo este efecto particularmente significativo en mujeres (HR: 1,06), pero no en hombres. Además, se observó una asociación positiva entre el consumo de alimentos procesados y el riesgo de cáncer colorrectal (HR: 1,09). En contraste, el consumo de alimentos no procesados mostró una asociación inversa con el riesgo de esta enfermedad (HR: 0,91).
El estudio también reveló que la sustitución del 10% de alimentos ultraprocesados o procesados por alimentos no procesados se asoció con una disminución significativa del riesgo de cáncer colorrectal. Al analizar por subsitios específicos, se encontró que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados estaba particularmente vinculado a un mayor riesgo de cáncer distal (HR: 1,10), especialmente en mujeres.
Los investigadores concluyeron que las dietas ricas en alimentos ultraprocesados pueden aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, mientras que los alimentos integrales no procesados tienen efectos protectores. Estos hallazgos sugieren que una recomendación pertinente para la prevención del cáncer colorrectal en la población general sería reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y aumentar la ingesta de alimentos mínimamente procesados y alimentos integrales en la dieta.
El cáncer de colon se destaca como el único tumor prevenible, siendo además el de mayor prevalencia en España. A pesar de su alta mortalidad, se estima que hasta un tercio de los casos pueden curarse si se detectan y tratan a tiempo. Este tipo de cáncer afecta significativamente a la población española, siendo el segundo tumor más común tanto en hombres (después del de próstata) como en mujeres (después del de mama), afectando a uno de cada 20 hombres y una de cada 30 mujeres antes de los 74 años.
El desarrollo de este cáncer ocurre a través de pólipos que crecen y degeneran con el tiempo hasta convertirse en tumores. Varios factores de riesgo contribuyen a su alta incidencia, incluyendo una dieta baja en fibra y alta en grasas, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo, el consumo de alcohol y los antecedentes familiares de cáncer colorrectal.
El Dr. Francisco Javier Romero Vázquez, jefe del Servicio de Aparato Digestivo y Endoscopia del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa y Director de DI-EN Sevilla, incide en que los programas de cribado poblacional son fundamentales para la detección precoz, recomendándose iniciar las pruebas entre los 45-50 años. Existen dos pruebas principales: el test de sangre oculta en heces (TSOH), un método no invasivo que detecta la presencia de sangre en las heces, y la colonoscopia, considerada la prueba más fiable ya que no solo detecta pólipos y cáncer, sino que también permite extirpar lesiones precancerosas durante el procedimiento.
Las recomendaciones de cribado se dirigen principalmente a personas asintomáticas entre 45-50 y 75 años. Sin embargo, aquellos con antecedentes familiares de cáncer de colon, enfermedades inflamatorias intestinales o síndromes hereditarios requieren un seguimiento más temprano y frecuente, quedando excluidos de los programas de cribado poblacional estándar. La accesibilidad a estos programas y la concienciación sobre la importancia de las colonoscopias rutinarias son aspectos cruciales para la prevención efectiva de este tipo de cáncer.
Un estudio analizó la efectividad del Programa de Detección Selectiva del Cáncer de Páncreas (CAPS), que se ha dedicado a evaluar la vigilancia selectiva en personas de alto riesgo desde 1998. La investigación se centró en 26 personas de alto riesgo diagnosticadas con adenocarcinoma ductal pancreático, quienes fueron sometidas a vigilancia regular mediante ecografía endoscópica o resonancia magnética, comparándolas con 1.504 pacientes de control de la base de datos SEER.
Los resultados mostraron diferencias significativas en la detección temprana del cáncer, con un 38.5% de diagnósticos en estadio I entre las personas de alto riesgo, en comparación con solo un 10.3% en la población general. Además, el tamaño medio del tumor al momento del diagnóstico fue considerablemente menor en el grupo de vigilancia (2.5 cm frente a 3.6 cm), y se observó una menor incidencia de metástasis a distancia.
La supervivencia global mostró mejoras notables en el grupo bajo vigilancia, con una mediana de 61.7 meses frente a solo 8 meses en el grupo de control. Particularmente destacable fue el caso de los 20 pacientes de alto riesgo con cáncer detectado mediante cribado, quienes alcanzaron una supervivencia global media de 144 meses. La probabilidad de supervivencia a 5 años fue significativamente mayor en el grupo de alto riesgo, alcanzando el 50% en comparación con el 9% del grupo de control.
Los investigadores concluyeron que la vigilancia selectiva en personas de alto riesgo resultó en la detección de tumores más pequeños y en etapas más tempranas, lo que se tradujo en una mayor probabilidad de supervivencia a largo plazo. Estos hallazgos sugieren que la implementación de programas de vigilancia selectiva puede mejorar significativamente los resultados clínicos en pacientes con alto riesgo de desarrollar cáncer de páncreas.