Mujer sentada ante un desayuno con pan, leche y manzana, con una mano apoyada en el abdomen.

¿Alergia alimentaria o intolerancia? Claves para distinguirlas

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Categoría: Noticias
Publicado: 28 Octubre 2026
  • Enfermedad celíaca
  • Alergia alimentaria
  • Intolerancia alimentaria

La alergia alimentaria y la intolerancia pueden provocar molestias después de comer, pero se deben a mecanismos distintos y requieren una valoración diferente. Las intolerancias no implican una reacción del sistema inmunitario: un ejemplo es la falta de lactasa, la enzima necesaria para digerir la lactosa. La sensibilidad al trigo no celíaca se diagnostica tras descartar celiaquía y alergia al trigo; sigue en estudio qué la desencadena y podrían intervenir componentes distintos del gluten.

En las alergias sí participan las defensas del organismo. Muchas están mediadas por unos anticuerpos llamados IgE y aparecen desde pocos minutos hasta unas horas después de comer. Pueden causar dolor abdominal, vómitos o diarrea, pero también síntomas en la piel, dificultades respiratorias o anafilaxia, una reacción general grave. Algunas se relacionan con frutas o verduras crudas en personas alérgicas al polen; otras pueden desencadenarse al combinar trigo y ejercicio. También existe una alergia a la carne de mamíferos que puede desarrollarse tras una picadura de garrapata y manifestarse varias horas después de comer.

Otras alergias no están mediadas por IgE y sus síntomas pueden retrasarse horas o días. Entre los cuadros descritos figuran enfermedades como la esofagitis eosinofílica, en la que se inflama el esófago y se acumulan determinadas células de defensa, y otras inflamaciones del intestino. Algunas pueden causar molestias persistentes. Otro cuadro, la enterocolitis inducida por proteínas alimentarias, puede provocar vómitos intensos entre una y cuatro horas después de comer y llegar a causar una deshidratación grave.

Para identificar la causa, el médico revisa los alimentos ingeridos, el momento en que aparecen los síntomas y los antecedentes de alergia. Según la sospecha, puede solicitar pruebas cutáneas y análisis de anticuerpos, o una endoscopia con biopsias para estudiar determinadas enfermedades digestivas. En algunos casos, confirmar una alergia requiere una prueba de exposición al alimento bajo supervisión médica en el hospital. El tratamiento se adapta al diagnóstico y puede incluir evitar el alimento responsable y utilizar medicación específica, con intervención de digestivo o alergología según el caso.

Profesional sanitaria conversa con un paciente mayor y señala un blíster de medicamentos sobre la mesa de la consulta.

Uso racional de inhibidores de la bomba de protones: deprescripción

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Categoría: Noticias
Publicado: 22 Octubre 2026
  • Omeprazol

El omeprazol y otros medicamentos que reducen el ácido del estómago son eficaces, pero a veces se mantienen cuando ya no son necesarios. Revisar periódicamente el tratamiento permite identificar a las personas que pueden reducirlo o dejarlo de forma planificada y supervisada, un proceso llamado deprescripción. La evidencia empírica indica que estas intervenciones pueden disminuir el uso innecesario de estos fármacos manteniendo un adecuado control de los síntomas en pacientes seleccionados.

Estos medicamentos, llamados inhibidores de la bomba de protones, se utilizan para tratar el reflujo, la inflamación del esófago y las úlceras, entre otras enfermedades. También forman parte del tratamiento contra la bacteria Helicobacter pylori, junto con antibióticos, y ayudan a prevenir complicaciones digestivas en personas de alto riesgo que toman determinados medicamentos, como antiinflamatorios o anticoagulantes. En muchos casos de reflujo no complicado o úlcera, el tratamiento suele durar entre cuatro y ocho semanas, aunque algunas situaciones requieren mantenerlo durante más tiempo.

El problema aparece cuando las recetas se renuevan automáticamente o no se comprueba si sigue existiendo el motivo que justificó el tratamiento. El miedo a que vuelvan las molestias, la falta de tiempo en las consultas y la ausencia de pautas claras para la retirada también favorecen que se prolongue. Esta situación es especialmente relevante en personas mayores que toman varios medicamentos, porque aumenta su carga de medicación.

El uso prolongado se ha relacionado con problemas en la absorción de nutrientes como la vitamina B12, el hierro y el magnesio, así como con fracturas, infecciones digestivas y posibles problemas renales. También se han descrito cambios en las bacterias que viven en el aparato digestivo. Sin embargo, buena parte de estos datos procede de estudios observacionales: encontrar una asociación no demuestra que el medicamento sea la causa. Cuando existe una indicación adecuada, los beneficios siguen superando claramente los posibles riesgos, por lo que estos hallazgos no justifican retirarlo de forma indiscriminada.

La forma de reducir o suspender el tratamiento depende de cada persona. Puede consistir en bajar progresivamente la dosis, espaciar las tomas o utilizarlo a demanda en determinados casos de reflujo leve o no complicado. En algunas situaciones se valoran otros medicamentos para controlar las molestias. La decisión debe acordarse con el paciente, teniendo en cuenta por qué empezó el tratamiento, el riesgo de que reaparezcan los síntomas y si existe alguna enfermedad que obligue a mantenerlo. También conviene explicar que durante la retirada pueden aparecer molestias transitorias.

Los programas que combinan revisión de la medicación, información al paciente y seguimiento han obtenido resultados favorables. La colaboración entre profesionales de la medicina y de la farmacia facilita detectar tratamientos innecesarios, resolver dudas y acompañar los cambios. El objetivo es que cada persona reciba estos medicamentos cuando los necesita, en la menor dosis eficaz y durante el tiempo adecuado.

Mujer escuchando a un profesional sanitario en una consulta, con una pluma de inyección sobre una bandeja en la mesa.

La semaglutida no se asocia a un mayor riesgo de cáncer de páncreas

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Categoría: Noticias
Publicado: 15 Octubre 2026
  • Cáncer de páncreas

Las personas con diabetes tipo 2 que comenzaron a utilizar semaglutida no presentaron un mayor riesgo de recibir un diagnóstico de cáncer de páncreas que quienes iniciaron otros tratamientos antidiabéticos en una fase comparable del tratamiento. Así lo observó un estudio realizado con registros sanitarios de Dinamarca, Suecia y Noruega.

La investigación comparó a 97.464 usuarios de semaglutida con el mismo número de personas que empezaron a utilizar insulina, sulfonilureas u otros antidiabéticos llamados inhibidores de SGLT2. Se seleccionaron grupos con características comparables. Los resultados fueron similares en los tres países y tampoco se observó un aumento del riesgo con dosis acumuladas más altas o con más tiempo de tratamiento con semaglutida.

El estudio se realizó por exigencia de las autoridades reguladoras para evaluar la seguridad del medicamento tras su autorización y fue financiado por Novo Nordisk. El seguimiento comenzó un año después de iniciar el tratamiento y duró, de media, menos de dos años.

Estos resultados aportan tranquilidad respecto al riesgo de cáncer de páncreas y coinciden con la evidencia previa mencionada por los autores. Al basarse en registros y tener un seguimiento relativamente breve, no permiten descartar posibles efectos a más largo plazo.

Un profesional sanitario muestra un tubo de recogida de muestras a un hombre sentado en consulta.

La mortalidad por cáncer colorrectal se reduce a la mitad tras 20 años de cribado organizado

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Categoría: Noticias
Publicado: 07 Octubre 2026
  • Cáncer colorrectal
  • Prevención

En el País Vasco, la mortalidad por cáncer colorrectal cayó aproximadamente a la mitad entre las personas de 50 a 69 años durante el periodo estudiado, de 2004 a 2024. El descenso fue especialmente marcado en este grupo, al que se dirigía el programa organizado de detección precoz iniciado en 2009. Los resultados apuntan a un beneficio sostenido del cribado, aunque no permiten atribuirle por sí solo toda la reducción observada.

El programa utiliza una prueba que busca sangre oculta en las heces y una colonoscopia cuando el resultado es positivo. La participación se mantuvo alta y la gran mayoría de quienes tuvieron un resultado positivo completaron la colonoscopia. Casi tres de cada cuatro tumores detectados mediante el cribado se encontraron en fases iniciales.

Los investigadores analizaron los registros de defunción de una población de unos 2,2 millones de habitantes. En el conjunto de la población, la mortalidad por este cáncer bajó cerca de un 30 %, tras tener en cuenta las diferencias de edad. Se identificó un cambio de tendencia en 2012, tres años después del inicio del programa, y el descenso continuó durante la pandemia de COVID-19. También se observó una reducción más moderada entre los mayores de 70 años. Esto podría reflejar un efecto duradero del cribado en personas que habían participado cuando eran más jóvenes, aunque se trata de una posible explicación.

El estudio comparó los años anteriores y posteriores al inicio del programa, utilizando también a los menores de 50 años como grupo de referencia. No contó con datos que relacionaran la participación de cada persona con su evolución, por lo que no puede distinguir completamente el efecto del cribado del de otros factores, como las mejoras en los tratamientos y la atención sanitaria.

La ampliación del programa a personas de 70 a 74 años ha mostrado una tasa de detección aproximadamente doble que en el grupo de 50 a 69 años, lo que sugiere posibles beneficios adicionales. Los autores plantean que, más allá de los 74 años, la decisión de realizar el cribado debería valorarse de forma individual.

Frasco abierto y tres cápsulas de suplemento sobre una encimera de cocina, junto a un cuenco de garbanzos y verduras.

Probióticos: cuidado con las promesas sin fundamento

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Categoría: Noticias
Publicado: 29 Septiembre 2026
  • Dieta

Las promesas de los probióticos y prebióticos comerciales para «reequilibrar» la microbiota intestinal carecen de respaldo científico suficiente, según el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (INSERM). Este organismo también cuestiona las pruebas comerciales que pretenden determinar si ese conjunto de microorganismos del intestino está sano o alterado.

La composición de la microbiota varía entre personas y su diversidad es importante, pero no existe un límite claramente definido que permita clasificarla como sana o desequilibrada. Al enviar una misma muestra de heces a varios laboratorios, unos calificaron la salud intestinal de excelente y otros de normal o deficiente. Algunos informes incluso señalaban riesgos de enfermedades como cáncer o depresión, lo que pone en cuestión la interpretación de estos resultados.

El INSERM recuerda que estos productos son complementos alimenticios y cuestiona la solidez de las pruebas que respaldan su eficacia. En investigaciones realizadas tras un tratamiento con antibióticos, las bacterias de una mezcla de probióticos se establecieron en el intestino de algunas personas y fueron rechazadas en otras. Además, los suplementos no aceleraron la recuperación de la microbiota y, en algunos participantes, la retrasaron durante semanas. Esa recuperación suele producirse de forma natural en la mayoría de los casos.

También se han observado riesgos en situaciones concretas. Un estudio sugiere que la bacteria E. coli Nissle 1917 podría dañar el ADN y aumentar el riesgo de cáncer colorrectal. Otro detectó un aumento de la mortalidad con determinados probióticos en pacientes con pancreatitis aguda grave. A ello se suma que muy pocos de los ensayos clínicos revisados describían con precisión los efectos adversos de estos suplementos.

Para cuidar la microbiota, el artículo destaca medidas con mayor respaldo científico: una alimentación variada y rica en fibra, actividad física regular, uso prudente de los antibióticos y evitar los alimentos ultraprocesados ricos en azúcar y aditivos.

Hombre de pelo canoso conversa con una médica, sentados frente a frente en una consulta.

Cáncer de canal anal en España: la mortalidad crece en mayores de 50 años

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Categoría: Noticias
Publicado: 25 Septiembre 2026
  • Cáncer

La mortalidad por cáncer de canal anal ha aumentado en España, especialmente en personas de 50 años o más. Un estudio que analizó las muertes registradas entre 1999 y 2023 encontró un crecimiento sostenido en los hombres. En las mujeres, las tasas fueron más bajas y el aumento del conjunto del periodo no fue concluyente, aunque sí se observó una subida clara desde 2009. A pesar de esta evolución, sigue siendo un tumor poco frecuente en comparación con otros cánceres digestivos.

En menores de 50 años, la mortalidad se mantuvo muy baja e incluso descendió en los hombres a partir de 2012. Los mayores aumentos anuales se observaron entre los 55 y los 59 años. El estudio también detectó diferencias entre generaciones: las nacidas después de 1949 presentaron un mayor riesgo de morir por este cáncer, con el máximo estimado en la generación de 1964. Los investigadores consideran que este patrón podría relacionarse con una mayor exposición al virus del papiloma humano (VPH) décadas atrás, pero el estudio no permite demostrar las causas del aumento de la mortalidad.

La infección persistente por determinados tipos de VPH es el principal factor que puede causar este cáncer. El VIH, los tratamientos que reducen las defensas —como los utilizados después de un trasplante— y el tabaquismo pueden favorecer que la infección persista y que las lesiones previas evolucionen hacia un tumor. El editorial que acompaña al estudio también señala que el envejecimiento de la población y la mayor supervivencia de las personas con VIH pueden contribuir a que aumente la carga de esta enfermedad.

Los especialistas destacan dos vías de prevención: reforzar la vacunación frente al VPH en ambos sexos y facilitar la detección de lesiones precancerosas en las personas con mayor riesgo. En España, el artículo sitúa la vacunación habitual a los 12 años para niñas y niños, con recuperación de la vacunación pendiente hasta los 18 años y recomendaciones específicas hasta los 45 en determinados grupos de riesgo.

No existe un programa organizado de detección del cáncer anal para toda la población. Las recomendaciones recogidas se dirigen especialmente a personas con VIH, receptoras de trasplantes o con antecedentes de ciertas lesiones o tumores relacionados con el VPH. Estas revisiones pueden incluir el análisis de células y la detección del virus, con derivación para explorar el canal anal con aumento cuando corresponda y tratar las lesiones con mayor riesgo de progresar.

Los autores subrayan la necesidad de prestar más atención a este cáncer y mantener el seguimiento de su evolución en España. Ese seguimiento permitirá valorar si la vacunación y la detección de lesiones en los grupos de mayor riesgo consiguen cambiar la tendencia en las próximas décadas.

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