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Uso racional de inhibidores de la bomba de protones: deprescripción

22.10.2026

El omeprazol y otros medicamentos que reducen el ácido del estómago son eficaces, pero a veces se mantienen cuando ya no son necesarios. Revisar periódicamente el tratamiento permite identificar a las personas que pueden reducirlo o dejarlo de forma planificada y supervisada, un proceso llamado deprescripción. La evidencia empírica indica que estas intervenciones pueden disminuir el uso innecesario de estos fármacos manteniendo un adecuado control de los síntomas en pacientes seleccionados.

Estos medicamentos, llamados inhibidores de la bomba de protones, se utilizan para tratar el reflujo, la inflamación del esófago y las úlceras, entre otras enfermedades. También forman parte del tratamiento contra la bacteria Helicobacter pylori, junto con antibióticos, y ayudan a prevenir complicaciones digestivas en personas de alto riesgo que toman determinados medicamentos, como antiinflamatorios o anticoagulantes. En muchos casos de reflujo no complicado o úlcera, el tratamiento suele durar entre cuatro y ocho semanas, aunque algunas situaciones requieren mantenerlo durante más tiempo.

El problema aparece cuando las recetas se renuevan automáticamente o no se comprueba si sigue existiendo el motivo que justificó el tratamiento. El miedo a que vuelvan las molestias, la falta de tiempo en las consultas y la ausencia de pautas claras para la retirada también favorecen que se prolongue. Esta situación es especialmente relevante en personas mayores que toman varios medicamentos, porque aumenta su carga de medicación.

El uso prolongado se ha relacionado con problemas en la absorción de nutrientes como la vitamina B12, el hierro y el magnesio, así como con fracturas, infecciones digestivas y posibles problemas renales. También se han descrito cambios en las bacterias que viven en el aparato digestivo. Sin embargo, buena parte de estos datos procede de estudios observacionales: encontrar una asociación no demuestra que el medicamento sea la causa. Cuando existe una indicación adecuada, los beneficios siguen superando claramente los posibles riesgos, por lo que estos hallazgos no justifican retirarlo de forma indiscriminada.

La forma de reducir o suspender el tratamiento depende de cada persona. Puede consistir en bajar progresivamente la dosis, espaciar las tomas o utilizarlo a demanda en determinados casos de reflujo leve o no complicado. En algunas situaciones se valoran otros medicamentos para controlar las molestias. La decisión debe acordarse con el paciente, teniendo en cuenta por qué empezó el tratamiento, el riesgo de que reaparezcan los síntomas y si existe alguna enfermedad que obligue a mantenerlo. También conviene explicar que durante la retirada pueden aparecer molestias transitorias.

Los programas que combinan revisión de la medicación, información al paciente y seguimiento han obtenido resultados favorables. La colaboración entre profesionales de la medicina y de la farmacia facilita detectar tratamientos innecesarios, resolver dudas y acompañar los cambios. El objetivo es que cada persona reciba estos medicamentos cuando los necesita, en la menor dosis eficaz y durante el tiempo adecuado.